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Hay un dicho común entre creyentes acerca de la doctrina de la justificación, “la justificación es como si nunca hubiera pecado,” pero este dicho solamente contiene una mitad de la verdad, la otra mitad es la justicia imputada a creyentes por medio de la obediencia perfecta del Señor Jesucristo.  Si no tenemos su justicia perfecta nosotros mantenemos a pie adelante de Dios condenados igualmente como la profeta Isaías cuando vio la santidad de Dios en su visión (Isaías 6:1-5).

Esta doctrina de la imputación de la obediencia perfecta de Jesucristo es negado por muchos que profesan ser cristianos mayormente debido a la influencia de la teología Dispensationalista.   Lo cual ha negado el pacto de obras porque la palabra pacto no sucede hasta capítulo 6 de Génesis lo cual describe el pacto con Noé y por eso no hay un pacto de obras o un pacto con Adán en la Biblia.

Por ejemplo aquí es un dicho de dos teólogo Dispensationalistas que enseña en el Semanario teológico Dallas ubicado en Texas.  Ellos dicen que Cristo solamente pagó la maldición de la ley en nuestro lugar, pero no obtuvo justicia perfecta para nosotros por medio de su propia obediencia.  Según estos dos teólogos, Darrel Block y Craig Blaising, Jesús solamente fue obediente porque si hubiera pecado entonces no podría morir en nuestro lugar pagando la maldición de Dios; pero ellos no incluyen la necesidad de la justicia perfecta de Cristo imputado a los creyentes.

“En Gálatas 3:10-13, Pablo explica como la muerte de Cristo fue cumplido y por eso terminó el pacto mosaico. “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros (porque escrito está: Maldito todo el que cuelga de un madero) Biblia de Las Américas (Gálatas 3 13).” Cristo tomo la maldición del pacto mosaico sobre él mismo para cumplir las exigencias de Dios.  Esto no hubiera sucedido sin embargo que él mismo fuera un pecador quien necesitaría expiación por él mismo.  Pero Pablo dice en 2 Corintios 5:21, “Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El (Biblia de Las Américas)”. Él fue completamente obediente a las exigencias del pacto mosaico.  Por esto los que están en Cristo son llamados justos (cf. Deuteronomio 6:25, 1 Corintios 1:30) y encuentran la maldición de la ley cumplido por ellos[1]”.

No es suficiente solamente tener sus pecados perdonados para entrar al cielo porque Dios requiere justicia perfecta como Jesús dijo en el Sermón de la Monte,

“Por tanto, sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto (Mateo 5:48 Biblia de Las Américas)”.

Pablo explica la importancia del pacto de obras cuando compara Adán a Cristo en Romanos 5:12-21, si Adán no fue nuestra cabeza federal entonces según Pablo tampoco Cristo fuera nuestra cabeza federal.  Si Adán cayó sin representar nadie federalmente entonces Cristo murió solamente por él mismo.  Teólogo A.W. Pink explica la necesidad del pacto de obras para preservar el evangelio porque si uno niega el pacto de obras entonces puede resultar en la negación que Adán fue una cabeza federal.  El hecho que Adán fue una cabeza federal, lo cual afirman aun creyentes que niegan el pacto de obras, supone que había un pacto de obras en el jardín porque la palabra federal es igual que pacto.  Adán tuvo que ser en un pacto con Dios para ser una cabeza federal, los dos hechos no pueden ser separados.

“La desobediencia del primero Adán fue la fundación judicial para nuestra condenación, la obediencia del último Adán fue la fundación legal sobre cual Dios solamente puede justificar un pecador.  La substitución de Cristo en el lugar de su pueblo, la imputación de sus pecados a él y su justicia a ellos, es el hecho esencial del evangelio.  Pero la doctrina principal de ser salvo por medio de lo que otra persona [Cristo] ha hecho solamente es posible sobre la fundación que nosotros fuimos perdidos por medio de lo que otra persona [Adán] hizo.  Los dos se ponen de pie or caen juntos.  Si no hubiera sido un pacto de obras no hubiera sido muerte en Adán, no habría ningún vida en Cristo tampoco[2]”.

Concluyendo, vemos la importancia de la teología del pacto al evangelio.  No es una sistema abstracto para teólogos, por el contrario es muy práctico de como estudiamos la Biblia y como entendemos el evangelio mismo.

Aunque este método de interpretación no es consistente para los que niegan el pacto de obras porque el pacto Davídico no usa la palabra “pacto” en 2 Samuel 7:8-17, a pesar de que nadie niega que había un pacto Davídico porque los elementos de un pacto son presentes aunque la palabra explicito “pacto” no es usado.  Luego la Biblia llama 2 Samuel 7:8-17 un pacto en 2 Samuel 23:5 y Salmos 89:3-4.  Lo mismo concepto de interpretación es usado para el pacto de obras aunque en Génesis 2 la palabra “pacto” no sucede luego en el antiguo testamento es llamado un pacto en Ósea 6:7, Isaías 24:3-6, y también por Pablo en el Nuevo Testamento en Romanos 5:12-21.  La Biblia nos da una interpretación infalible (sin error) de sí mismo y por eso cuando la Biblia refiere a otro pasaje en la Biblia es sin error aunque sucede en otra parte de la Biblia. Esto es porque la Biblia no solamente fue escrito por hombres pero también Dios, quien es el autor principal por medio del Espíritu Santo de todos los libros de la Biblia.

¿Vamos a confiar en la interpretación inspirada y infalible del apóstol Pablo en Romanos 5 explicando la necesidad de Adán como nuestro cabeza federal para que Cristo sea la cabeza federal de creyentes (lo cual supone el pacto de obras) o vamos a leer Génesis 2 solamente enfocando en el autor humano sin leer Génesis 2 en el contexto de toda la Biblia?  La segunda opción enfoca en el argumento que la palabra “pacto” no sucede allí y por eso es imposible que había un pacto de obras, lo cual da prioridad al autor humano en vez de dejar la Biblia interpretar sí mismo.  Cuando la Biblia interpreta la Biblia es un comentario infalible lo cual no deberíamos ignorar sino aprovecharnos de su interpretación infalible para mejorar nuestro entendimiento de la Biblia.

Vemos todo esto puesto en forma de una proclamación del evangelio en la confesión bautista de Londres 1689 capítulo 20.1,

“Habiendo sido quebrantado el pacto de obras por el pecado y habiéndose vuelto inútil para dar vida, agradó a Dios dar la promesa de Cristo, la simiente de la mujer, como el medio para llamar a los escogidos, y engendrar en ellos la fe y el arrepentimiento. En esta promesa, el evangelio, en su sustancia fue revelado, y por lo tanto, es eficaz para llevar a los pecadores a la conversión y salvación[3]”.

[1] Blaising, Craig and Bock, Darrel, Progressive Dispensationalism (Grand Rapids, MI.  Baker Books: 2003), 197-198

[2] Arthur Walkington Pink, The Divine Covenants (Grand Rapids: Baker Book House, 1973), 33

[3] 1689 London Baptist Confession of Faith 20.1; Gn. 3:15 con Ef.2:12; Gá. 4:4; He. 11:13; Lc. 2:25,38; 23:51; Ro. 4:13-16; Gá. 3:15-22.

la confesión bautista de Londres 1689 en español:

http://www.chapellibrary.org/files/archive/pdf-spanish/lbcos.pdf